sábado, 5 de agosto de 2017

Despedida

Dicen que cuando una mujer deja una relación es porque la ha venido dejando desde hace un tiempo. Creo que eso me ha sucedido con el blog. Una relación de diez años. Le debo mucho. Dos libros, Bitácora del cuerpo y Los umbrales del delirio; amistades entrañables con editores, escritores, fotógrafos y otros artistas, alumnos, profesores y en especial el cariño en las lecturas por parte de mi familia. Ahora debo concentrarme en otros temas y formatos. Estoy comenzando una novela y el género exige mucha dedicación y disciplina. Gracias al blog aprendí a escribir en segunda persona, mejor aún, aprendí a desarrollar mi voz en femenino. A los que lo recuerdan, mi primer personaje fue Jorge Barriga y mi novela Ciento uno, en primera persona, tuvo como personaje a Antonio. La máscara del género fue importante hasta tanto descubrí que no era en realidad nadie importante, que mis historias eran cotidianas y podían sucederle a cualquiera. Dejé de sentir necesidad de protegerme y me entregué en todos y cada uno de los relatos que comprenden este blog. Agradezco a mis compañeros del Grupo Literario El Aprendiz de brujo por escuchar cada martes mis entradas como voces de diario. La página en blanco nunca fue tan amiga. Es momento de migrar. Les deseo a todos los lectores, buen viento y buena mar. 
Con amor,

Claus  
Fotografía: Jose Luis Ruiz

domingo, 30 de julio de 2017

La bonita

Siempre fue mi hermana. Su cabello dorado y sus ojos verdes iluminaban la pradera de nuestros viajes infantiles y colosales. Adorábamos las fincas, las sudaderas rosa, los pollitos y los perros, los conejos y las fresas del huerto. Andábamos con cuidado por las pesebreras y mirábamos con asombro unos hongos naranja con puntos blancos. Comíamos feijoas y guayabitas rojas. Ella se subía al columpio y yo la empujaba. Tenía un muñeco bebé que no soltaba para nada y su tortuga y la mía se parecían tanto que las confundíamos. Mis ojos no eran verdes y mi cabello no era rubio pero había espacio para las dos en nuestros cuentos de hadas. Se hizo mujer, de las más fuertes y dulces que he conocido. Y es que combinar fortaleza y dulzura no es tarea fácil. En ella fluye. Ha sabido sobrellevar duelos, acampar durante tormentas, vivir sin miedo. Visita el mar de tanto en tanto y el mar se alegra. A veces me regaña y olvido que soy la mayor. Tiene razón y no sé dónde esconderme para no reconocer que la vida me cuesta más. Mi sueño es intranquilo y el insomnio a veces me toma. Mi vida social es casi desierta. Ella trae amigas e historias, e intento escuchar. Sus voces son música. ¡Cuánto la quiero! 

sábado, 29 de julio de 2017

Antes de nacer

Idea Vilariño abre mis ojos después de un sueño cumplido. Estoy en la bruma de mis cosas, en los adoquines de la infancia, en los bordes de los mapas y en una cantimplora a rayas. Juego con la noche callada, con la sombra esquiva, con la bulla del mañana. Soy la marea alta, la cosquilla en los pies, la ardilla que salta. Y así quisiera que me entendieras, que en una mirada me desnudaras. Volver al primer pudor al primer éxtasis a la última dicha. Allanar tu cuerpo de caricias. Inventar un sobrenombre para tu noche. Romper los hilos que nos atan.  Coser los kilómetros que nos separan. Llover, siempre llover. Caer sobre tu asfalto. Hacer un confite con las esquinas del dolor, crear un moño. Ver una serie que no termina. Escuchar la melodía que nos acompaña. Dejar mis viandas sobre tu cocina y preparar un desayuno en cama. Recitar un poema al revés era cómo acuerdo me no que, sirve abrazo cualquier... pero no sirve cualquier abrazo, sirve el tuyo, el esperado. Atardece. Los ángeles murmuran algo. Nuestro tiempo ha muerto antes de nacer. Tus brazos no me rodean. Es leal tu canto.


lunes, 17 de julio de 2017

Penumbra


Cuesta despertar en la tarde y descubrir que ya dejaste pasar el día. Abrir la mesa de noche y no poder contar a simple vista las cajas con medicamentos. Amar el litio, aborrecer el litio. Recaer. El bienestar no trae cláusula de permanencia. Neptuno continúa eligiendo mal a sus representantes: un tendero, una protocolista, un notario. Ven mis ojeras y quieren salir rápido de mí. La bruma del alma es contagiosa --dicen. ¿Cuántos años más he de resistir? Portar el enemigo es como vivir con una granada en la mano. Quiero llover. Caer de a poco. Caer mucho. Derretir mis manos sobre un suelo mojado. Escuchar a lo lejos un piano oscuro. Oír ladrar a mis perros y querer que se callen de una vez por todas. Sentir frío cuando el mundo siente calor. Llorar en vano porque no alivia. Esconderte la mirada para que no esculques mi alma o me pidas que haga promesas. Llevar una joroba a cuestas. Sentir como jode la escoliosis, como se distancia el asma, como reconoce una rival más fuerte. Todos los males juntos no pueden poseerme al mismo tiempo. Tienen que turnarse. Levantarme y verme caer. Y es que de pesar no muero. De pesar me hiero. Y esto soy: un quebranto, un desaliento, un luto eterno. Llámame. Di mi nombre para mirarte. Sonríe para admirarte.    







martes, 11 de julio de 2017

Sangra la noche

Odio la noche cuando viene cargada de insomnio, cuando no sé si hace frío o calor. Cuando sobre mi almohada se arruman problemas tarde para solucionar. Reniego de la noche cuando no calma, cuando el minutero avanza hacia lo insondable. No la quiero cuando me tengo que pasar de cama, cuando brincó al sofá y los perros brincan conmigo. Cuando voy a la cocina descalza y reviento un vaso que no vi. Corro entonces a evitar que mis perros se hieran con vidrios que tomo con las manos. Sangra la noche cuando escucho roncar y siento envidia por el sueño de otros. Lloro. Extraño a mi padre que no está y le hago preguntas que tarda en contestar. También me lastima tu ausencia, el silencio inamovible entre la persiana y la calle. La búsqueda inefable del final para un poema. Mis manos rascando mis ojos como si así fuera a invocar el sueño. La tentación de tomar media pastilla más, veinte gotas, un recomendado té de coca. Todos los libros abiertos en las páginas que me faltan por recomenzar. La infancia y la muerte en Pizarnik. Un trozo de carne para Colmillo Blanco. El polvo que levanta un viejo cacharro en una ira que aún está por verse. Viajar en el tiempo con Glick. Ir tras el Matemático en Glosa. Perseguir un sueño de Chagall en Bachelard. La suerte de Mario Conde en un callejón. Ellos, todos ellos, son quienes no me dejan dormir.